martes, 14 de abril de 2009

Día 5

El plan del lunes era: ir a devolver el coche, luego pasar un rato Melek y yo a solas, porque durante todo el finde no habíamos tenido tiempo de ponernos al día de nuestras cosas, hacer las fotos del puerto que no pude hacer el primer día por falta de luz, comprar un libro que me habían encargado y volver a por el equipaje antes de irme al aeropuerto. Pero el día amaneció lluvioso y desagradable, tardamos mogollón en encontrar una gasolinera para llenar el depósito antes de devolver el coche, luego, supongo que a causa de la lluvia, no había taxis y se estaban formando atascos, así que decidimos ir todos juntos a tomar un batido de plazma (las galletas que desayunan los serbios) al Biblioteka, un bar agradable del centro, con tan mala fortuna que no les quedaba plazma y tuvimos que contentarnos con un chocolate. Menos mal que Melek me había comprado un par de cajas de galletas de ésas, no podía irme sin comerlas. Volvimos a casa, cogí el equipaje, me despedí de las chicas (que me tuvieron que prestar algo de pasta por si acaso, pues ya apenas me quedaban dinares) y enseguida llegó el taxi que habíamos pedido. Al montar me di cuenta de que no recordaba cómo se decía “aeropuerto“ en serbio (era fácil: “aerodrom“), así que se lo dije al taxista en inglés. El tipo, que debía de ser más o menos de mi edad, hablaba inglés. Se llamaba Žarko, que, según él, significa Ignacio. Fuimos todo el camino charlando, me contó que su sueño era ir a Barcelona con su novia, pero que no se lo podían permitir, y llevaba tiempo ahorrando. Los espantosos atascos que yo me temía (sabiendo lo que ocurre en Varsovia cuando llueve) no se materializaron y llegué al aeropuerto antes siquiera de que abriesen la facturación. Le dejé propina a Žarko.

Tuve tiempo de tomarme un bocadillo y un zumo, facturar tranquilamente, sentarme a escribir un esquema de este diario, dar una vuelta por el duty-free… Al ir a apagar el móvil para embarcar, vi que tenía varios mensajes de Melek. El primero: que si no me habré llevado yo por casualidad el pasaporte de Ana, porque no lo encuentran por ninguna parte. Y mi maleta ya facturada… Leo el segundo: que no pasa nada, que ya lo han encontrado… ¡en la kafana de la “stara svinja“! Lo que no sé es cómo se les ocurrió ir a buscarlo allí. Menos mal que al final no le dejé el letrero…

Y nada, el resumen de estos días es que me lo he pasado muy bien en compañía de Melek (de quien ya sabía que es una fantástica compañera de viaje) y Ana, descubriendo lugares diferentes, haciendo fotillos, zampando sin parar y teniendo contacto con gente de todo tipo: alguna borde, desconfiada e incluso timadora, pero mucha hospitalaria, abierta y maja. Habrá que volver a seguir descubriendo Serbia y otros lugares de los Balcanes donde todavía no he estado. Por lo pronto, he vuelto de allí con las pilas bien cargadas

3 comentarios:

KaZe dijo...

Me ha gustado mucho leerlo.
Menos traducir y más escribir :P

a ver para cuándo podemos disfrutar las narraciones estupendas de Acazen, jeje.


Un abraazo enorme!

Alfonso dijo...

¡Qué rapidez! ¿Has sido capaz de leerlo todo? Uau... ;)
Me alegro de que te haya gustado. A ver cuándo por fin hacemos un viajecillo juntos, ¿no?
Abrazazos.

KaZe dijo...

Pues la verdad es que me encantaría, ya lo sabes.

te mando un mail cuando pueda.

P.d: claro que me lo leí todo. Ha sido un gustazo! Se me hizo corto y todo, jeje.

un abrazazo!